¡Está decidido!

El mes que viene me compro el abono normal. Seguro que gano en salud y sólo pierdo 12 euros, así que está decidido. No me intentéis persuadir diciendo que en Roma casi no pasan revisores y que cuando lo hacen siempre puedo hacerme la sueca. Que no, que yo no valgo, ni para hacerme la sueca, ni la italiana, ni la española. Ni para dar una dirección falsa.

Sólo sirvo para ir intranquila todo el trayecto, mirando por la ventanilla en busca de tres personas vestidas de azul y en cuyo abrigo ponga “Atac”.  Y habrá pocos, pero yo veo cada día por lo menos siete. En mi imaginación, claro. En fin, que vivo con el miedo en el cuerpo y eso no es vida.

Al margen del susto que me he llevado hoy con este tema, que me he puesto a temblar y todo cuando un buen hombre ha subido al autobús vestido de azul, con algo ilegible en su chaqueta y un sombrero así como de revisor -pero que no era-, lo demás todo bien.

El fin de semana ha sido muy productivo en cuanto a mi conversión romana se refiere, aunque prácticamente nulo en el turismo cultural propiamente dicho. Esto significa, en resumen, que no he visto ningún monumento nuevo.

Sin embargo, el viernes me tomé el primer aperitivo italiano -que os avanzo que se toma antes de cenar-; el sábado fui a un centro comercial, a una pizzería napolitana y a un pub precioso -pero que pone unas copas malísimas-; y el domingo volví a la cafetería “carina” -por bonita, no por cara, aunque también- y he ido por primera vez al cine italiano.

Pero vamos por partes. El aperitivo romano, como os decía, se toma antes de cenar o para cenar, pero en todo caso entre las 7 y las 9 de la tarde-noche. Y no se parece mucho al de España. Aquí también vas a un bar, pero cuando pides una cerveza no te ponen ninguna tapa. Tampoco la cerveza te cuesta dos euros, sino seis, siete u ocho. Pero, antes de que os llevéis las manos a la cabeza, dejadme proseguir: con la consumición puedes comer todo lo que quieras de unos platos que tienen dentro.

Normalmente hay pasta, cuscus, arroz… pero depende bastante del sitio. Donde yo estuve -me llevo Carmen, una chica de la agencia- había canapés variados, muy ricos todos. Y me encantó la experiencia, claro. Este fin de semana repito seguro, sólo que además estará Rafa. Estupendo.

También es probable que vuelva -más pronto que tarde- a una pizzería que elabora productos típicamente napolitanos y que se llama “Anni 50”. ¡Qué comida tan rica, de verdad! Fuimos Annalisa, Sara y yo. Llegamos sobre las diez y pico, o sea muy tarde para Italia, así que estábamos muertas de hambre (yo es que ya he cambiado el chip).

Pedimos de todo para compartir: pan relleno de tomate, croquetas de arroz, verdura rebozada, jamón serrano… y ¡mozarella de búfala! -en serio, increíble-, además de tres pizzas diferentes (una capricciosa, una margarita y un vesubio). Obviamente, no pudimos con todo, pero… mereció la pena. Y la mozarella de búfala, de verdad… increíble. Para finalizar, un café italiano (es decir, pequeño pero matón) y un chupito de crema de limoncello. ¡Buenísimo todo!

De ahí al pub. Un sitio precioso, con ruinas de la muralla romana al lado, un paseo de madera con velas, estufas de gas para estar calentito en la terraza… PERO con unas copas malísimas. Tan malas que pedimos tres cosas distintas, dimos tres sorbos y las dejamos ahí. Unas porque sabían a colonia -la mía entre ellas, que se suponía que debía ser un mojito- y la otra a medicina.

¡Y el domingo fui al cine! Mi primera vez en Roma, que suena como el título de la película, pero que no lo es. En realidad se llamaba “Immaturi” y era una comedia romántica muy americana, sólo que con actores y director italiano. Me divertí mucho, aunque al más gracioso no le entendía algunas cosas… ¡es que hablaba romano!, o eso me dijeron al salir.

Como no creo que la lleven a España, os cuento: va de un grupo de amigos del colegio -varios graciosos, uno muy muy gracioso y otro muy muy muy muy guaperas- a los que, después de veinte años, les invalidan el examen de madurez, que viene a ser algo así como a nuestra selectividad. Y tienen que volver a hacerla, con lo que tienen que volver a verse, con lo que tienen que recordar vivencias que tuvieron juntos, con lo que descubren que de lo que esperaban ser hay poco… y así. Como es italiana, el amor está muy presente, claro. Porque aquí la gente se quiere mucho. Pero mucho, mucho.

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10 comentarios

Archivado bajo Andanzas romanas

10 Respuestas a “¡Está decidido!

  1. Antonio

    ¡Huelo el aperitivo, desde aquí!

  2. raquel

    como mola todo… cuenta algo de trabajo de vez en cuando, para no darnos tanta envidia lo digo….. ah! y avisa de que no leamos estas cosas a las 12:40 que son ahora, que ya no me puedo quitar de la cabeza las pizzas, las croquetas, y la mozzarella de búfala!!! sobre todo la mozzarella de búfala!!
    besos guapa!!

  3. Que hambre de todo!! tiene buena pinta la vida romana no te lo voy a negar… sigue contando cómo te va y ya de paso, ¡trabaja! 😀

  4. rafa

    eso, eso, a seguir viendo rincones “speciale”

  5. Yo también descubrí el aperitivo italiano hace poco en Turín…ensé que sería una gran idea traer la costumbre a España, pero tras ponerme hasta el oj***te de comida llegué a la conclusión de que, siendo como somos los españoles, sería una verdadera ruina!

  6. CR9

    ¿Y cómo se llama ese pub tan bonito y con copas tan malas al que fuiste?

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