De desconfianzas y errores

En Italia no te puedes fiar de nada. Al menos, informativamente hablando. De lo que dicen los medios a lo que realmente es muchas veces hay un trecho demasiado grande. Entre otras cosas, porque nuestro entrecomillado y el suyo no tienen nada que ver.

En la prensa escrita española -y sobre todo en Efe- lo que va entre comillas son aquellas frases que se han dicho tal cual. O, en su defecto, que han sufrido ligeras modificaciones porque el emisor en cuestión no se maneja muy bien con su lengua natal y comete errores garrafales hablando. En Italia no, ni se toman tantas molestias como nosotros, ni son tan fieles a la realidad. Lo que va entre comillas no tiene por qué haberse dicho literalmente así. Sobre todo en la prensa deportiva.

De hecho, muchas de las declaraciones que aparecen en los subtítulos de las noticias no se desarrollan en el cuerpo del artículo. En todo caso el periodista pasa por encima de la idea, lo que se traduce en que la frase entre comillas no está extraída de ninguna intervención del protagonista, sino que pertenece a la propia cosecha del profesional de la información. O lo que sea.

Por eso, cuando ayer llegó un teletipo de una de las agencias de noticias italianas sobre una rueda de prensa en la que yo también había estado, me eché a temblar. Aunque tengo que reconocer que en este caso, lejos de confundirme, me ayudó a centrar mis ideas.

Porque el desmadre típico italiano también afecta a la información y a las agencias de comunicación. Al llegar a la rueda de prensa, que por cierto hablaba de los secretos de La Gioconda, me dieron un dossier con varios comunicados dentro. Dos de ellos los utilicé para hacer una crónica de radio que me habían pedido para antes de la 13.30, ya que apenas tenía tiempo para buscar entre mis notas y mis grabaciones.

Ilusa de mí, me fié de la labor de la agencia de comunicación en cuestión. Craso error. La nota de prensa decía que en las pupilas de la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci se habían hallado dos iniciales -la L y la S- y que una de ellas pertenecía al propio Leonardo y la otra a una mujer de la familia Sforza, de Milán.

Una vez pasada la crónica de radio, llega la nota de Agi, la agencia italiana: se han hallado dos inciales, bien, la L y la S, bien, que pertenecen a la florentina Lisa Gherardini y al supuesto amante de Da Vinci, “El Salai”, maaaaal. Me puse blanca. Pero entonces miré en mis notas -en las que había muchas veces anotado el nombre de Salai, sus rasgos y sus semejanzas con La Gioconda- y escuché de nuevo el fragmento del investigador. Justo: ¡Las iniciales eran de Lisa y del amante!

Una cagada muy grande, sí. Pero os juro que es que el investigador habló de pasada sobre las iniciales -3 minutos- y centró su discurso en unos numeritos -una hora y media más o menos-, el 7 y el 2, que se habían encontrado bajo un arco del puente. Sobre lo que yo centré mi atención en la crónica. ¡Y menos mal!

Igualmente me molestó muchísimo no haberme enterado de ese detalle, aunque los medios españoles que estaban allí tampoco tiraron por ese tema. Yo, para la pieza escrita, sí. Y gustó. Hasta el punto de que me lo publicaron varios periódicos importantes, como el ABC y el que más ilusión me ha hecho: El País, cuyo link ahora mismo está roto 😦

La próxima vez sólo me fiaré de mis apuntes y de mis grabaciones, nada más. Y si tienen que esperarse los de las radios que se esperen. Que aquí es mejor no fiarse de nada. ¡Ah! Es que no os lo he dicho: los comunicados eran antiguos. Los sacaron hace un par de semanas, cuando la investigación todavía no estaba concluida. Pero claro, ¿para qué van a poner la fecha? También entono el MEA CULPA y digo que a partir de ahora prestaré más atención. Aunque el evento dure tres horas y mi amigo Abraham diga que sólo se puede estar atento durante 40 minutos.

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4 comentarios

Archivado bajo Andanzas romanas

4 Respuestas a “De desconfianzas y errores

  1. Cristina García-Casado

    Lo he leído y me ha encantado.
    Un abrazo enorme
    Cris

  2. Interesantísimo lo que cuentas.

    PD: tu amigo Abraham tiene toda la razón. Cuarenta minutos máximo, y si es menos, mejor. Consejo de consultor de comunicacion competente, no como esos que tienen por allí ; )

    PD2: se te echa un poco de menos

    Un abrazo muy fuerte.

    • Luisito,

      PD1. Necesitan a gente como tú por aquí, te lo aseguro, no sabes cómo marean la perdiz para luego no decir nada.
      PD2. Imagino que un poco, pero no mucho 🙂
      PD3. ¿Este comentario no pretenderá sustituir un email que tienes pendiente?

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