¿Historias de principiantes o anécdotas para los nietos?

Llevo demasiado tiempo sin actualizar el blog y, la verdad, no sé muy bien cómo debería empezar esta entrada. Para evitar liarme pidiendo disculpas y exponiendo justificaciones, iré al grano: la Embajada de España en Roma es increíble. Me ha impresionado muchísimo, aunque mi primer contacto con ella haya sido un tanto accidentado.

Antes de explicaros lo que tuve que hacer allí, dejadme que aclare que este edificio no es el que está en Plaza de España (aquella embajada es la de España ante la Santa Sede), sino que se levanta en lo alto de una pequeña colina de Roma. Desde allí, hay unas vistas estupendas de toda la ciudad. Incluso diría que es el mejor mirador de la capital italiana.

Por dentro, tampoco defrauda: techos altísimos, pasillos muy largos, amplias estancias llenas de luz y suelos de mármol, además de una terraza enorme, con sillas y bancos para disfrutar del tiempo primaveral que nos acompaña estos días. Un pequeño paraíso.

Descubrí todo esto antes de ayer, cuando Miguel Ángel Moratinos presentó ante los periodistas españoles su candidatura para director general de la FAO, que tiene su sede en Roma. Fui con la camarita porque mi cometido del día era grabar la entrevista con él. De hecho, la idea era ir, preguntar, grabar y marchar. Pero, como suele ocurrir, la cosa terminó complicándose.

No quiero aburriros, así que resumo lo acontecido: por la mañana llego a la redacción en vaqueros, camiseta de sport y chaqueta de punto. Pasadas unas horas, me entero de que tengo que cubrir este evento, al que la gente con la que voy va en traje (y corbata en el caso de los hombres). Pánico. Me tranquilizan: voy, hago las preguntas y me marcho.

Llega la hora. Me quedo con la boca abierta por la belleza del edificio y el lujo de las habitaciones. Saludo al embajador sin saber que es el embajador con un “Hola, ¿qué tal? Encantada”. Me entero de que es el embajador. Pánico.

Miro alrededor y todos van de punta en blanco. Pánico. Me retiro a un rincón y empiezo a montar la cámara. Viene el de prensa de la embajada y me dice que la entrevista tiene que ser después de comer, que me tengo que quedar. Ataque de pánico.

Saludo a Moratinos, en este caso sabiendo que es Moratinos.  ¡Menos mal! Me siento en una mesa lujosa y empiezo a comer (¡por lo menos sentada no se me ven los vaqueros anchos y desgastados!). Hago la entrevista y me vuelvo con mis compañeros a la redacción.

Monto el vídeo, escribo una noticia sobre Maradona y me marcho con un sentimiento agridulce: feliz por haber descubierto un rincón magnífico de Roma, triste por no haberlo visitado como debiera.

Eso sí, la lección está aprendida: a la beatificación de Juan Pablo II iré cómoda, pero más o menos elegante. Y, claro está, con los hombros tapados. No quiero volver a llamar la atención. Y menos por no cumplir el protocolo. ¿Errores de principiante o historias que contar a mis nietos?

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3 comentarios

Archivado bajo Andanzas romanas

3 Respuestas a “¿Historias de principiantes o anécdotas para los nietos?

  1. raquel

    jajaja bueno ahora te ries, no??
    sin duda, historia para contar a los nietos, y a los familiares y amigos, que asi nos echamos unas risas….
    pasarlo supergenial!! mua!

  2. Marta

    jajaja si es que …we’re different!! No te preocupes, yo también he tenido mis Alfredo Landa-das por el mundo 😛
    Seguro que dentro de nada que lo recordarás con una sonrisa en la boca y eso es lo importante.

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