Aquí y allí, el don de la ubicuidad

¡No sabéis lo que me pasó ayer! Bueno, algunos sí, pero no importa: os lo cuento al resto. Resulta que mi amiga Irene, la de las fotos chulas, vuelve a Alemania el sábado que viene para seguir con su Erasmus, por lo que ayer hizo su cena de despedida. También en casa de Maribel y Alberto, que sin duda se ha convertido en nuestro punto de encuentro particular.

Huelga decir que me hubiera encantado estar allí con ellos, pero también huelga decir que eso era imposible. ¿O no? Sí y no. Con matices. Cuando estaban a punto de empezar a cenar y de darle sus regalitos a la homenajeada se conectaron a Skype y me llamaron para que participara en la fiesta. ¡Desde Roma!

Y participé, claro: estuve como media hora hablando con ellos, con todos, y viéndoles (a veces un poco pixelados). Escuchándoles también, aunque la verdad es que muchas veces hablaban a la vez y no entendía nada. Pero no me importó. Estaba allí, sólo que a 2005 kilómetros, según Google Maps.

El resto del día tampoco estuvo mal: hice un par de noticias de fútbol y luego fui al Parlamento italiano para grabar a decenas de personas que protestaban contra Berlusconi (noticia) por su presunta implicación en el ‘caso Ruby’. Allí me encontré a una asociación de derechos humanos que pedía su dimisión y de forma totalmente improvisada -tanto que iba sin micro- le hice un par de preguntas para completar las imágenes de recurso con algún total (vídeo).

Hoy también he salido, pero para hacer una entrevista al escritor Federico Moccia. Sí, me he tenido que leer su último libro y sí, he sobrevivido a su sobredosis de amor y romanticismo. Pero eso no tiene mérito si lo comparamos con que sí, ¡he sobrevivido a mi primera entrevista en italiano! Y eso que el día ha empezado movidito…

Me he levantado con tiempo de sobra, tanto que hasta me he planchado el pelo. Pero, como suele pasar, cuando he bajado estaba lloviendo. Adiós a mi pelo y adiós a mi autobús, que se ha ido delante de mis narices. Cuando por fin ha llegado otro y estaba a salvo de la lluvia, el autobús se he pasado veinte minutos de reloj parado. Sin moverse nada. Por la lluvia, claro. Y luego os extrañáis de que no me guste. Ya no podía más y, por descontado, ya no iba tan bien de tiempo. ¿Por qué siempre me pasa lo mismo?

El caso es que me he acercado al conductor y le he dicho: scusi, può aprire la porta? Y él, sin mirarme si quiera, ha pulsado un botón y hemos bajado un montón de gente que, como yo, hemos tenido que cambiar el bus por el metro. Cuando he llegado al hotel -Dios sabe cómo lo he encontrado- faltaban cinco minutos para la hora que habíamos acordado, estaba empapada y el pelo… ¡mejor no hablamos más del pelo!

Pero estaba preparada. Me he sentado y hemos empezado a charlar. Es majo y habla normal, quiero decir, que no es tan empalagoso como en los libros. En un momento de la entrevista, en el que me quería explicar que las protagonistas de sus obras eran diferentes y que evolucionaban, me ha dicho: “es como lo que ha pasado contigo ahora, que yo te veo en un momento determinado, en el que eres una mujer segura -¿ein?-, que sabe hacer preguntas y que no se emociona (¿quería que me tirase a sus brazos o algo?)”.

“Pero tú has vivido ya muchas cosas -ha proseguido- y hace diez años, cuando escribieras tu primer artículo serías más insegura, más débil, totalmente distinta”. Y a mí me han dado ganas de decirle: mira, guapo, hace diez años yo era como Carolina, la quinceañera de tu última novela, pero un poco menos tonta. Pero me he callado, primero por educación y segundo porque, bien pensado, creo que tendría esa edad la primera vez que escribí en la revista de fútbol de mi equipo, el FSF Alcorcón.

En fin, que ha sido un buen día. Y una buena semana. Aunque me había hecho ilusiones de que hubiera cambio de planes y Rafa viniera mañana, pero no ha podido ser. No pasa nada, en una semana está aquí. Yo le espero. A él y a todas las cosas nuevas que tenga que hacer en esta etapa profesional que acaba de empezar.

 

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Surprise, surprise (and cry and cry)

Ha llegado el momento de hablaros de la fiesta sorpresa que me prepararon mis amigos el día anterior de mi viaje a Roma, es decir, hace nueve días. Hoy, que estoy fuerte y no tengo miedo a caer, os hablaré de globos, de pruebas, de mensajes, de vídeos y de “Pulpito”.

Que ya sabemos todos que es un peluche (bueno, mucho más que un peluche en realidad) muy, muy guapo, y que tiene unos ojos muy, muy bonitos, aunque un poco tristes. A ver lo que decís de él, que está aquí a mi lado para supervisar mis posibles errores.

La verdad es que yo, igual que pasó con los de la Universidad en su momento, no me esperaba nada. Bueno, sí, quizá una foto dedicada. Pero nada más. Vaya si me equivocaba… Pero empecemos por el principio: desde hace mucho, mucho tiempo, reservamos la tarde-noche del 7 de enero para despedirnos Marta, Maribel, Alberto, Irene, Álvaro, Rafa y yo. O sea, los de siempre. Los de toda la vida.

Teníamos que quedar sobre las 22.30 porque Maribel trabajaba, pero yo estaba preocupada porque no sabía dónde ir a cenar. Se me pasó por la cabeza reservar en el “Piratas”, donde se come una carne a la piedra buenísima, pero mi abuela nos llevó a comer allí unos días antes y no era plan de repetir.

Luego pensé que lo suyo sería ir a nuestra nueva casa, aunque iba a hacer un poco de frío. Y entonces Rafa me dijo: “Oye, pues lo hacemos en casa de Maribel y Alberto y listo”. “Sí, claro -le dije yo (aunque me apetecía la idea)- la llamo ahora y le digo mira, que hemos pensado que os vais a despedir de mí en tu casa”. “Pues sí” -replicó Rafa-,  a lo que yo ni contesté porque me parecía imposible que estuviera hablando en serio.

Unos días después hablé con Maribel para preguntarle qué le parecía lo de ir a cenar a nuestra casa con algún calefactor, pero ella me dijo que si no me importaba prefería hacerlo en su casa porque Alberto trabajaba. “Ah vale, genial, sobre las 10.30 allí, entonces”, le comenté. Evidentemente, Rafa estaba compinchado con ellos, pero yo no lo sabía.

Cuando llegó el día en cuestión, fuimos puntuales. Los anfitriones nos dijeron que éramos los primeros. Y yo me lo creí. Rafa estaba al tanto de todo, claro está. Abrí la puerta del comedor y casi me muero del susto. ¡Sorpresa! Ahí estaban Marta, Irene y Álvaro, con un montón de globos alrededor y una pancarta que decía algo así como: “Corre, corre que te alcanza, el globo de la adivinanza” (Chivatazo de Marti, que yo no me acordaba).

Así que, mientras sonaba música en italiano, me puse manos a la obra, a buscar el globo que tenía el primer mensajito. Como no, era el que estaba más alto. Vaya, que tuve que coger una silla y todo. No me acuerdo de todas las adivinanzas porque, como podéis imaginar, esto fue todo una yincana (según la RAE se escribe así). Pero hubo unas cuantas muy difíciles y muy divertidas.

  • “Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan”. “Tengo dos orejas por donde me agarran y cuando me usan el culo me queman y la boca me tapan”. “Sube, sube, baja, baja y su sonido me relaja”.

Adiviné que eran los calcetines, las cacerolas y el mar. O sea, la ducha. ¡Y encontré tantas cosas y tan bonitas! A saber: un cd de clásicos italianos, un mural con todas nuestras fotos, un tarjetón enorme repleto de dedicatorias (aún falta la de Rafa), un libro, un auricular bluetooth inalámbrico (con su conector), que gracias a Irene ya estoy usando, un DVD que me hizo llorar muchísimo y un Pulpito que siempre me acompaña.

El DVD fue a la par emotivo que avergonzante por algunas de las imágenes que incluía. Pero me encantó. Con mensajes personalizados, músiquita sentimental y ¡¡¡con un montón de fotos de todos!!! ¡¡¡Desque que tenía seis años!!! Os podéis imaginar la llorera, aunque aguanté muchísimo porque estaba muy mentalizada… Pero una no es de piedra…

¡Jo! Fue simplemente genial. Una sorpresa inolvidable, que me ha dado muchas, muchas fuerzas para venir aquí con optimismo. ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! Menos mal que vais a venir TODOS muy, muy pronto, que sé yo que Rafa y Marta ya tienen sus billetes, Irene y Álvaro están mirando y la hucha de Maribel y Alberto no para de engordar. Aquí os espero: ¡con los brazos abiertos!

PD. Falta la foto principal, en la que salimos todos. En cuanto la consiga actualizo la entrada.

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Siete días dan para mucho

Parece que ha pasado mucho más tiempo, pero hoy hace exactamente una semana que aterricé en Roma [y que me encontré con Francesco Totti, claro]. Ya os dije en la última entrada que me había cocinado mi primera pasta y me había comido mi primera pizza. Ahora puedo añadir que he hecho mi primer “risotto ai funghi”, he escrito mi primera crónica sobre una exposición fotográfica latinoamericana (con vídeo incluido) y he radiado mi primera noticia para la radio. “Desde Roma, Sara Rojas, de la Agencia Efe”. ¡Qué gracioso!

También he cenado con tres italianas en un japonés, he descubierto una cafetería maravillosa donde pasar la tarde y he visitado algunos de los principales monumentos romanos, como la Fontana de Trevi, la Piazza della Spagna y la Iglesia de San Giovanni. Además, he ido de compras (aunque me he contenido) por Via del Corso y Via Appia, he terminado la primera temporada de Dexter (ya estoy con la segunda) y he conseguido mi primer (y esperemos único) número italiano. De la compañía Wind, claro.

En estos siete días he visto una película en italiano (no pienso especificar cuál), he empezado a leer una guía arqueológica sobre Roma y he escuchado mucha música de este país. Sobre esto último he descubierto que me gustan los clásicos. ¿Qué le vamos a hacer? Abajo os dejo la versión española que Sergio Dalma hace en su último disco de una conocida canción italiana llamada “L’italiano”, de Toto Cutugno [mira Rafa, toto, como tú]. Os pongo también el link de la original, que recomiendo que escuchéis.

Creo que no se me olvida nada más. Porque ya os conté mis andanzas en el Coliseo, en la Plaza Navona y en el supermercado, ¿no? Ah, bueno, sí, algo sí que me falta. En esta primera semana lo que más, más, más he hecho ha sido acordarme de todos vosotros y echaros muchísimo de menos.

¡Aunque hoy he hablado con mi sobri Marcos y se me han quitado todas las penas! ¡Qué ilusión!  Vamos, ilusión me hace hablar con todos vosotros… ya lo sabéis… Pero… que tu sobrino te pregunte ¿qué tal estás, tata? y que te cuente que acaba de abrir un súper potato gigante que le trajeron los Reyes en casa de unos amigos… ¡no tiene precio! Lo entendéis, ¿no?

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Entre la Piazza Navona y el Colosseo

Me pasa como a Irene, que se me amontonan las cosas que contaros. A ver si con esta entrada consigo ponerme al día, aunque insisto una vez más: está pendiente escribir sobre la fiesta sorpresa que me prepararon mis amigos el viernes pasado, un día antes de venirme para acá. Parece que fue hace mucho y sólo han pasado cuatro días…

Ayer fue mi primer día en la redacción y, en general, estuvo bastante bien. Bueno, la verdad es que no empecé con buen pie precisamente, pero todo se fue arreglando poco a poco. Es lo que tiene venirse a otro país cargada de optimismo. Y hoy ha sido todavía mejor, así que estoy muy contenta. He escrito sobre el Balón de Oro, el capitán del Roma [Francesco Totti], Alexandre Pato y Ferrari. Como véis, casi todo de deporte. Y yo encantada, para qué engañarnos.


La agencia está muy cerquita de Piazza Navona [aunque si te pilla de nuevas doy fe de que complicado encontrarla]. De hecho, si miras por la ventana -bueno, más bien ventanal- ves sus fuentes al lado y oyes a los músicos tocar en medio de la calle. ¡Es increíble!

Siempre he dicho que es mi lugar favorito de Roma, aunque ayer empecé a dudarlo. Y es que el Coliseo es mucho Coliseo.  Lo vi por primera vez (en esta etapa, me refiero) cuando iba montada en el autobús 85. Lo vi bajando, desde una perspectiva que nunca antes lo había visto. Y me sobresaltó. Tan grande, tan bello, tan sobrecogedor. Quizá los romanos están acostumbrados a verlo todos los días, pero yo cada vez que paso por allí me siento una privilegiada. Y paso muchas veces.

Igual que cuando dejo el autobús 85 en “I fori imperiali” y espero a que llegue el 87. Si miras a la derecha, te encuentras con “Il Campidoglio” y si miras a la izquierda… retrocedes en el tiempo. Los foros imperiales son así, ruinosos y desgastados, pero no por ello menos impresionantes. Que conste que no me quiero poner poética, pero Roma es así.

Dejando el paisaje a un lado, os diré que ya me he cocinado mi primera pasta y me he comido mi primera pizza. También he hablado italiano con mi compañera de piso -majísima, por cierto- y con mi casero.  ¡Ah! También con el cajero que hoy me ha timado al cobrarme una ensalada de dos euros a cinco. No pasa nada, yo llevo dos días colándome en el autobús. Fifty-fifty.

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Saludos a “Totti” desde Roma

Ya estoy en Roma. Mi habitación es muy grande y muy chula: está pintada de morado berenjena y amarillo fuerte, tiene cinco espejos pequeños y uno grande, además del ya conocido armario de ocho puertas y las literas de 1,50. Además, aunque en la foto que os puse en la primera entrada no se veía, hay una mesa-escritorio con dos sillas y un espacio enorme. Como veis, Internet funciona, pero la televisión y el equipo de música parece que no quieren encenderse. Mañana veremos a ver qué pasa.

Ahora quiero contaros lo que me ha pasado nada más aterrizar. Por problemas en Barajas, hemos salido una hora más tarde de lo previsto, así que, al llegar a Fiumicino, mi amiga Annalisa me estaba esperando. Estaban ella y una compañera suya, Elisa, que también sabía español, o sea que de practicar italiano… poco.

Después de recoger mi maletón rosa, me han preguntado si me importaba esperar en el aeropuerto en vez ir a “mi casa” tan pronto. Luego os cuento el por qué. Yo les he dicho que no, claro, que ciertamente no tenía nada mejor que hacer. Entonces me han dicho que me tenían que pedir otra cosa: ropa para Elisa. Y, aunque parezca muy surrealista, hemos estado buscando en la maleta: las converse negras que no son converse, unos vaqueros negros y un vestidito azul de rayas ha sido la elección final.

Del baño hemos ido a hablar con los de seguridad, ya que el plan requería entrar de nuevo en la zona de embarque y yo no podía (ellas sí, trabajan en Alitalia). Prueba superada. Estábamos dentro. Y éste es el resultado:

Sí, es Francesco Totti. Y sí, soy yo. Juntos en el aeropuerto de Roma, nada más llegar. ¡Qué recibimiento! Estaban todos los de la Roma y los de otro equipo, pero a esos no les hemos hecho mucho caso. Otro día, cuando esté más puesta en temas del Calcio.

También otro día, probablemente mañana, os contaré lo que me prepararon ayer mis amigos (los del barrio) para decirme “hasta pronto”. Os adelanto que fue la mejor sorpresa de mi vida y que Pulpito, que está aquí a mi lado, lleva mejor que yo la llegada a tierras romanas. Si es que él siempre fue más sociable, lo seeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.

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¡Son mis amigos!

Irse a trabajar fuera durante todo un año implica muchas cosas. Una de ellas es despedirse de amigos y familiares en los días previos al viaje. Cuando estos días pillan en medio de las fiestas navideñas y con el tiempo justo para dejar medio amueblada tu casa -además de hacer la maleta, solicitar los documentos necesarios para tu nueva vida y comprar los regalos de Reyes-, parece que no se disfrutan igual. Pero es mentira: se disfrutan más y mejor.

Los “hasta prontro” no comenzaron anoche, ni mucho menos. De hecho, hace un par de semanas ya dediqué una entrada del otro blog para despedir mi estancia en Efe Madrid. Y unos días después dije adiós a otros amigos y luego a una gran gran amiga. ¡Y lo que queda! Pero ayer fue, si cabe, más especial.

Éramos diez [podíamos haber sido veinte, pero no nueve], de los cuales había ocho empollones del grupo 34 y dos adoptados de pleno derecho [que para quien no lo sepa quiere decir que por mucho que otros reclamen lazos familiares siempre nos pertenecerán. Al menos moralmente].

Cenamos en La Taquería de Birra: guacamole, nachos, fajitas, crepas, enchiladas… Hablamos de todo, incluso de lo último en tendencias de moda: el champú para caballos y ponys.  Sobre Roma también comentamos cosas, claro que sí, pero más bien de pasada: ¿estás nerviosa? ¿cuándo vamos? ¿cuándo va el adoptado Rafa?… Nos conocemos todos y sabemos que en ciertas cosas conviene no hurgar.  Y no hurgamos.

Al final de la cena, Luis dijo algo así como: “creo que ha llegado el momento de asignar los presentes” -sí, Luis es al que le meaban en el vídeo de Empollones a las Vegas– y yo fruncí el ceño. A parte de por lo repelente de la expresión, porque no entendía muy bien por qué habían traído nada. El caso es que me regalaron un albornoz. ¡Con lo que me gustan! Y vale que me conozcan, pero yo de albornoces no he hablado nunca con ellos -de champús de caballos sí, pero de albornoces… nunca-.

Y me encantó. Podéis ver en la foto -agradecería que os fijarais en el albornoz y no en mi cara- que es estupendo: rayado, colorido, con capucha y súper personalizado. ¡¡Si miráis bien podéis ver unas chapitas con fotos en las que salimos todos!! Y si miráis aún mejor descubriréis que hay mensajes en italiano (triunfa mogollón, te echaremos de menos, etc.) y en otros idiomas desconocidos (*von boyage).

Pero lo mejor fue que venía acompañado de una hoja con varias dedicatorias, entre las que destaco la general:

“Cada vez que lo uses será como si te abrazáramos. Te queremos y te echaremos de menos. Mucho. Muchísimo”.

Fue increíble. Igual que el hecho de que YO no llorara. Matizo el YO porque soy de las que lloro con las series y los anuncios un poco blanditos. ¡Estoy orgullosa de mí misma! ¿Pero sabéis por qué no me puse demasiado triste? Porque estoy empezando a ver las cosas de forma optimista y, en vez de llorar porque estaré tiempo sin veros, prefiero sonreír porque a la vuelta seguiréis aquí. Y es que, de verdad, poder teneros como amigos es un privilegio. ¡Gracias por estar siempre ahí! Y por el albornoz, claro.

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Ci vediamo presto!

Hoy, cuando quedan diez días para irme, he decidido inaugurar este blog. Lleva creado varios meses  y en mi cabeza está desde que Efe me comunicó que mi destino en 2011 sería Roma. De eso hace ya casi seis meses, aunque hay que reconocer que han pasado volando. A partir de hoy, https://diventandoromana.wordpress.com estará activo.

Voy a hacer como Cristina en su segunda entrada, pero al revés: es decir, en vez de despedirme a la francesa, voy a saludar a la francesa. Vamos, que hoy toca obviar todos los sentimentalismos, aunque no tengáis dudas de que tarde o temprano vendrán. Espero que no sea para quedarse.

Por el momento, lo mejor es que me centre en los hechos: el próximo sábado 8 de enero (dentro de  10 días) me marcho a Roma, donde pasaré todo 2011. Para contar cómo me va y qué cosas me vienen he creado este blog, en el que espero que participéis todos.

Quiero que sirva para que sepáis de mí y de mis experiencias italianas. De cómo me voy convirtiendo, poco a poco, en uno de ellos (de ahí el diventando romana) y de cómo voy aficionándome cada día más al fútbol italiano (de ahí el tifosa). En fin, para contaros cómo funciona mi nueva vida.

Quiero también explicaros cosillas informativas, aunque para ello mantendré activo mi otro blog, el de siempre: http://srojasz.wordpress.com Mi amigo Abraham piensa que no voy a ser capaz de seguir con los dos, pero yo le digo que sí, que tenga un poco de confianza. Y, entre nosotros, no me gustaría tener que darle la razón, así que insistid en que escriba en ambos.

Bueno, pues lo dicho: que este blog queda inaugurado. Como quiero seguir el ejemplo de Irene, que siempre sube fotos chulas, os dejo aquí una de mi habitación. ¡Para que sepáis dónde vais a dormir cuando vengáis a verme!

Ci vediamo presto! Un bacione!

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